LA POESÍA: MITO Y UTOPÍA
A la memoria de Elsie Alvarado de Ricord
El desierto está creciendo.¡Desventurado el que alberga desiertos! Federico Nietzsche
“…la poesía es la forma fantástica de la realidad”. Cesare Pavese, Dos Poéticas.
La memoria es un elemento primogénito de nuestra identidad; los valores seculares de nuestra identidad están fundados en la memoria. Es necesario comprender la historia, entenderla no como algo concluido y determinado, sino como la posibilidad de retomar los proyectos inconclusos o frustrados que sus protagonistas tenían para la nación. El pensador francés Paul Ricoeur ha reflexionado sobre el papel y la utilidad que tiene la historia en la vida: lo que cuenta es la vida, concluye con Nietzsche; ese profeta alemán de la desesperanza que quiso matar a Dios y que no creía en los ideales utópicos sino en esa especie de superhombre para corregir los males del mundo y que rindió culto a la voluntad del poder sobre la voluntad de vivir.
Si vemos el lado positivo de esta concepción: la historia como voluntad para rectificar los proyectos de vida, entonces Ricoeur tiene razón en otro pensamiento: las utopías no han muerto. Su potencial sigue vivo, latente, como el débil latido del corazón de un recién nacido. Y es en la historia de la cultura de los pueblos donde están sumergidos esos proyectos. ¿Cuáles han sido estas utopías en el marco de la nacionalidad panameña?, ¿cómo han sido expresados en nuestra literatura?, ¿a partir de qué momento se plantea la panameñidad como un proyecto en nuestra literatura?, ¿qué puntos de referencias encierra nuestra literatura nacional? Son interrogantes que sin duda esperan respuestas y que deben ser reflexionadas en estos tiempos en que un oscuro nihilismo parece reinar en la sociedad y donde los más jóvenes parecen los más vulnerables.
Debemos agregar otro pensamiento que parece oponerse a la idea de la historia de Nietzsch y Ricoeur, para aproximarnos a una teoría que queremos sustentar. Richard Rorty, considerado como uno de los pensadores contemporáneos más importantes del pragmatismo estadounidense, en un ensayo titulado Sin sueños no hay esperanza, arremete contra la arrogancia de todos los intelectuales que han seguido los pensamientos de Federico Nietzsche. Para Rorty, que defiende una política social-democrática, con base a una verdadera igualdad para todos, sostiene que sin esperanza no hay futuro, que es necesario tener ideales y sueños que motiven acciones políticas. Agrega que la única manera de superar una catástrofe de gran magnitud es conservando la esperanza. Como vemos, esta concepción no se opone a la de Paul Ricoeur: La efectividad de la memoria histórica como posibilidad de generar proyectos de vida; la esperanza, como voluntad para construir utopías. Es aquí donde la literatura de cada país juega un papel principal, donde se fusiona con las circunstancias históricas-sociales de la vida nacional y se transforma en valores humanos: La literatura panameña no solo como expresión de creación, sino como posibilidad de generar proyectos de vida, utopías realizables; sobre todo entre las nuevas generaciones.
Para fortalecer mis ideas voy a necesitar la ayuda de Julián Marías, de quien tomo prestado una líneas de su ensayo El punto de partida: “Algunos autores recientes, ya muertos, han donado sus bibliotecas, sus obras de arte, a academias u otras instituciones; han sido hombres esforzados, de vida dura y dificultosa, de escasos recursos. Es asombroso lo que tenían visto y leído, de los que habían nutrido unas vidas y unas obras que apenas se pueden creer… Imagínese lo que sería que todo eso fuese poseído, utilizado, prolongado, por las generaciones que van a dominar el siglo XXI. Que todo eso fuese el punto de partida a que se agregaría su obra de esplendor, que permitiría ver con esperanza el porvenir”.
Estas palabras, aunque no sean las de un panameño, se pueden aplicar a nuestra realidad, al mismo tiempo, son compatibles con otras que sí son de un panameño: “¿Qué se hacen los libros panameños? ¿Por qué ocultos recodos se hurtan a nuestra avidez? ¿Cuál extraño destino les envuelve, que les priva de longevidad y les borra del catálogo de las cosas asequibles? Porque es evidente que una como fatalidad se cierne con ímpetu exterminador sobre los libros escritos por los hijos de esta tierra”. Con esta interrogante y su fatal respuesta, inició Rodrigo Miró uno de sus memorables artículos periodísticos donde comentaba los dos tomos de poesía de la “Colección Aguirre” publicados respectivamente en 1889 y 1890, que constituyen la primera antología de poesía castellana publicada en Panamá y que celosamente custodia don Alberto Calvo.
Para Miró y Marías lo que realmente importa es esa herencia literaria que en manos de los jóvenes puede ser utilizada como conocimiento. Pero no un simple conocimiento abstracto, sino un conocimiento que permita percibir la posibilidad de crear proyectos de vida. Pondré como ejemplo a la poesía. Porque para nosotros la poesía no es solo imagen, sino posibilidad. Veamos algunos registros.
La poesía como imagen y posibilidad. La hipótesis de la imagen es la posibilidad, dice José Lezama Lima. Su fuerza operante es la posibilidad. Y nos recuerda el maravilloso capítulo de
la Odisea, donde Ulises desciende a los abismos para contemplar a su madre muerta. Pero la sombra del ser querido lo esquiva y le dice: hijo, no permanezcan más en este sombrío valle, asciende pronto hacia la luz. El ascender hacia la luz es el acierto de la posibilidad. Posibilidad de recrear la realidad que fundamenta la identidad. El hecho mítico entonces es posibilidad de creación. En los espíritus jóvenes es fuente de creación e imaginación.
La poesía es una forma de violencia. El poeta irlandés, Seamus Heaney, citando a Wallace Stevens, afirma que “la nobleza de la poesía consiste en ser una forma de violencia procedente de nuestro interior que nos protege de la violencia procedente del exterior; se trata de la imaginación que lucha contra la presión de la realidad”. Se violenta lo real que no puede pasar. Se busca lo que se escapa, lo que está escondido. “Ya todo está, sólo nos falta verlo”, ha escrito Jorge Luis Borges. Inventar y descubrir son sinónimos. La violencia de la creación, su agresividad nos hace resistir las manchas que afean la realidad. Hagamos una extensión de esta idea citando otro registro ahora del escritor Noé Jitrik:
La poesía es un conjunto de ausencias. Algo que le da sentido a la poesía es su permanente búsqueda. Cuando escribimos estamos buscando lo que no existe y si no, lo inventamos. Jitrik se refiere a la capacidad de la lengua (de la poesía) para hacer de la palabra el poder para vencer la inercia:“Ya no vendrás”, dice un tango de Angel Vargas; pero yo iré de todas formas a buscarte.“El coronel no tiene quien le escriba”; sin embargo voy a buscar la carta. Estos registros de Jitrik nos obligan a reflexionar sobre esta capacidad de la poesía para forzar la realidad y buscar en ella lo imposible. Se trata de buscar “lo que se va lo que se aleja”, sentenció Ricardo Miró. Otro poeta se une a esta idea, Octavio Paz. Escribió el poeta mexicano: “El testimonio poético nos revela otro mundo dentro de este mundo, el mundo otro que es este mundo”. Ese mundo necesita ser comprendido y nuestro cuarto registro nos dice cómo.
Si no se comprende, no se puede ver nada. Dentro de la tradición de la cultura Dule se piensa que para poder ir al otro y volver del otro será imposible si lo hacemos de manera intelectual: es un problema del corazón no de la razón. Comprender es algo distinto, dice el indígena Abadio Green. “Se podrá ir a muchos mundos, pero si no se tiene el corazón preparado, no veremos nada”. Esta concepción del mundo es primordial a la hora de tener un encuentro con la poesía. Octavio Paz nos ilumina nuevamente: “aquello que nos muestra el poema no lo vemos con nuestros ojos de carne sino con los ojos del espíritu”. Es la disposición permanente del poeta. Una disposición hacia el otro: si no comprendo al otro no puedo escribir de él.
Intentemos con una pregunta y una respuesta: ¿Qué cosas le hacen falta a la juventud panameña que puede encontrar en la literatura? Respuesta: operar en un mundo y una realidad rica en posibilidades; alejarse de la violencia externa y cambiarla por la violencia del espíritu creativo; forzar la realidad y sacar de ella proyectos creativos; y, finalmente, disposición de comprender al otro. Somos una cultura híbrida y el abrazo de los opuestos es necesario.
Pienso en dos palabras: posibilidad y esperanza, y de inmediato pienso en los ideales y sueños que impulsaron a los románticos, a los modernistas, a la generación republicana, a los vanguardistas y a la actual generación contemporánea. ¿Cuáles han sido los ideales que encendieron los motores de cada una de estas generaciones? Todos se han movido dentro de un marco de utopías realizables, de proyectos de vida, de acciones concretas para mejorar la calidad de vida espiritual del ser panameño de su época.
“Si me fuera posible vivir / esa vida no vivida / que son todos los sueños / que me falta”, grabó con la palabra Gustavo Batista Cedeño. Lo más fascinante de estos versos es la capacidad que tiene la poesía de expresar el respeto por la vida. El relato invisible del mito que intenta rescatar un valor particular puede estar escondido en un unos cuantos versos. Los valores que no se encuentran en el discurso oficial y que se requieren hoy más que nunca, pueden estar en un poema.
Casi una conclusión
“Afirmaba Leonardo- escribió José Lezama Lima- que la pintura nació del afán en el hombre primitivo de copiar el contorno de su sombra en el muro. Podemos afirmar entonces que en la poesía el trazo del contorno es previo y posterior al goce de la habitualidad justa de ese contorno anticipado”. Y Cesare Pavese que “…la poesía es la forma fantástica de la realidad”. En una época como la de hoy, estos tiempos de crisis y desencanto, no es inútil recordar el drama social que vive el hombre por medio del hecho poético. Tampoco han sido agotados los grandes temas de la poesía: la reivindicación del mito, la unicidad absoluta, el estado de gracia, la contemplación espiritual…temas que se adentran en la frágil y extraña conducta de la criatura humana. Ese contorno anticipado, esa forma fantástica de la realidad aún reclama voces en la nueva poesía.
La poesía, desde los comienzos, ha estado sujeta a los principios del mito: aspira a lo absoluto y lo puro. Lo telúrico representa siempre los símbolos de una cultura. La poesía, como un espiral, contornea a la cultura y presta sus servicios como esclarecedora de las cosas cotidianas limitadas por la realidad. En cualquier momento histórico la poesía aparece como un estado de gracia para reinvidicar lo esencial, lo sagrado. El germen fantástico de lo real lo consigue la poesía impulsada a perseguir los símbolos dispersos en el mundo. Pero la fuente de la poesía ya no se limita a lo celestial. Esa poesía llamada angelical, muestra ahora sus demonios y sus paisajes enrarecidos.
Esto se puede deber a que el mito es un momento absoluto y pre-histórico; pero el poeta es un ser de carne y hueso, con pecados igual que otro semejante, con vicios y pesadillas, a veces con flujos de maldad insospechada. Sin embargo, la poesía parece ser algo aislado, algo que al ser tocado, a penas rozado por el mito llega a la contemplación espiritual que irradia lo sagrado. Pero si este estado, esta mitificación no es puramente genuina, no alcanzará lo telúrico, y la fertilidad de un territorio se someterá a un simple discurso poético, explotación poética superficial que se despoja de lo humano, lo vigorosamente esencial de la poesía.
El mito es en esencia un atributo espiritual, un estremecimiento, una revelación; instante intemporal que, al contemplarse como un momento auroral, logra formar una imagen en la conciencia como un instante único y absoluto. Existe un estado auroral-metafísico absoluto que la poesía ha descubierto en la realidad; es allí donde triunfa el poema. Si la poesía revela su absoluto está revelando su unicidad y se une como hecho de creación al mundo cultural para compartir sus posibilidades.
Finalmente el poema será objeto de estudio y formará parte del mundo secular. Pierde parte de su unicidad, de su valor mítico Es, en cierta forma, su fin trágico y conmovedor. Pero cada lector revivirá el mito con su propia experiencia personal e íntima. La onda estelar que deja el poema, su momento auroral e histórico se reactiva en el otro: el lector. Esto comprueba la existencia de una realidad fantástica que solo existe en un momento mítico. La alegría de la creación del poeta se abraza a la felicidad utópica del lector: la poesía como posibilidad, como proyecto de vida; leer es descubrir, es también un acto de creación y de revelación.
POESÍA Y EDUCACIÓN:
DE LO PRODIGIOSO EN LA POESÍA
Por Carlos Fong
¿Cómo puede la poesía ayudar en la formación de los estudiantes en nuestro tiempo? ¿Tienen algo que decirnos los poetas en el marco de la mundialización y la concentración del capital? ¿Puede un poema ayudar en la educación a tener una visión más general del mundo? O simplemente: ¿Sirve de algo la poesía? En el marco del día Mundial de la Poesía, que se celebra el 21 de marzo, quisiera hacer algunas breves reflexiones en torno al tema de la educación y cómo la poesía puede ayudar en la calidad de la enseñanza.
Creo que podré ayudarme con una idea que William Ospina ha dejado en varios de sus ensayos sobre poesía: ” Hay un tipo de excelente poesía que nos muestra las cosas más prodigiosas como hechos naturales, pero la mejor poesía es la que nos muestra las cosas más naturales como hechos prodigiosos” Este pensamiento está muy acorde con la opinión del poeta Ama Ata Aidoo de Gana, para quien la calidad de un poema y su sentido, no solo presentan información sobre la belleza de otros mundos interiores y exteriores de los que el lector no está conciente, sino que la poesía puede ayudar a ser mejores seres humanos. ¿Cómo puede suceder esto?
Originalmente se piensa en la poesía como un hecho del arte que sirve para expresar, a través del lenguaje escrito, las cosas de una manera muy bonita. Pero un poema es algo más que eso. A diferencia de otras artes, la poesía profundiza en la esencia de la cultura. El lenguaje poético puede hacer una síntesis de la realidad profundizando en cualquiera de los elementos que comprenden la realidad y que suelen ser muy complejos. Un poema de excelente calidad puede, con un lenguaje sencillo, ayudar a los jóvenes a tener cierto interés o preocupación personal por cuestiones universales o nacionales; a hacerlos más sensibles ante algunos problemas que pueden afectarlos a ellos directa o indirectamente: la guerra, el medio ambiente, la violencia urbana, etc.
La intensidad de un poema puede llamar la atención de participación y cooperación en torno a temas sociales que afectan a las personas. El sentido de pertenencia, de participación y cooperación son valores que se han degradado y que la poesía puede ayudar a edificar. Todo esto no significa que la poesía no sirva también para brindar emociones y sentido de belleza: la poesía es todo eso y más. La poesía tiene el poder de comprender el mundo más allá de la realidad cotidiana y de percibir la relación de la palabra creadora con la realidad concreta. En esta parte puede salir cualquier tecnócrata de espíritu mercantil y decir: y esto para qué sirve. Veamos.
Si los jóvenes tienen una idea más general de la existencia y una visión más compleja de la cultura es muy probable que aprendan a pensar y a participar en los problemas del mundo. Consideremos el sentido de la vida, por ejemplo. El tema de la soledad o el aislamiento, está en muchos poemas. Cuando un muchacho tiene conciencia de su soledad y descubre que puede participar de un mundo habitado por otros, es más fácil que sus emociones palpiten en busca de posibilidades de supervivencia, a que tiendan a la destrucción.
Hay muchas cosas que nos brinda la poesía. Una de esas tiene que ver con su capacidad lúdica y sonora. Hay cientos de poemas donde la realidad es recreada para hacerla más entusiasta (Whitman o Rimbaud, por ejemplo). Pero vayamos al patio, a lo nuestro: hay un poema de Consuelo Tomás donde se narra una historia de un fantasma en un plato de sopa. Y qué hay de la sonoridad rítmica de la obra de Rogelio Sinán o la profundidad filosófica de Ros-Zanet. Y ese verso de Héctor Collado que dice: todo el odio del mundo cabe en una bala. Cada palabra es una obra de arte, afirmaba Borges. Un docente podría usar este verso de Collado para jugar con las palabras y su contenido: una bala es algo pequeño y el mundo es algo grande. Palabras pequeñas y palabras grandes que buscan decirnos algo de la realidad. No estoy muy seguro si los poetas buscaban este efecto cuando escribieron sus poemas, pero es algo de lo que nos podemos valer para jugar con la poesía, su sonoridad y sus posiblidades.
Dice Graciela Montes en ese hermoso libro titulado La Frontera indómita: En torno a la construcción y defensa del espacio poético que hay palabras que a veces nos vienen empaquetadas (recordemos los discursos de los funcionarios públicos, por ejemplo), pero que también hay palabras blandas, confortables, seguras, palabras de los rituales, palabras inapropiadas y sorprendentes y palabras que iluminan. Este universo de palabras puede ayudar a que los jóvenes manejen no solo un léxico que los ayude en la competencia lingüística, que es muy importante en estos tiempos, sino a que aprendan a violentar la realidad al nombrarla. Todas las cosas están allí esperando a que las nombren por primera vez; solo hace falta darle espacio a la palabra.
Mito y utopía, ambas cosas, enraizadas en el Ser Primigenio, el Verbo (el Logos) que persigue la creación de Mundos… ¿acaso posibles?
comentario por Songo — Marzo 12, 2007 @ 2:11 pm |
Me encanta la idea de que la educacion en los valores y en la sensibilidad es parte y debe ser parte fundamental de la educacion de los niños,,, si no se le enseña a apreciar la naturaleza y a comprenderla y hacerla parte suya en versos o en escritos como devolveremos al Creador las gracias que nos ha dado al hacernos coparticipes de la creacion y al mismo tiempo observadores… saludos
comentario por Rocio De la Rosa Sánchez — Mayo 23, 2009 @ 10:36 pm |